martes, 9 de febrero de 2010

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Esta vez me senté solo, sin preanbulos ni insomnio, me senté en toda base por mi cuenta sin esperar a alguien sin cortar a nadie.
Apareció un libro frente a mí, negro con olor a café y sus cicatrises demostraban su extinción. Parecía tener miles de años y con miles de fotos. No reconocí ninguna cara, todas ajenas y todas inexploradas, pero reconocía todos los lugares: el pub, el baño, las grúas de San Miguel y las calles humedas, esas calles con olor a humedad que ahogan la respiración.
Esta vez me senté solo, sin angustias, sin memorias, sin ninguna señal ni visión. Tenía el pensamiento mayusculo de no tener idea de nada ni de nadie.
Comencé a caminar ya de noche las minutas pasaron rápido y núnca parecía eterno -No como las tantas relaciones monótonas y aburridas que tenía- comienzo a darme cuenta de que nada a cambiado ni siquiera el olor a humedad ni el color de las paredes de los baños de aquellos pub de aquella gente cotidiana. Me estoy cansando, todo se pone aburrido y yo mientras más, de mala gana y mal humor. Quiero un cambio. Ya.

sábado, 16 de enero de 2010

Carta para anónimo.


Querido y remoto señor: Anónimo, no recuerdo casi nada de ti ni nada semejante a tu rostro, pero tengo el vago recuerdo de un sueño y en mis tantos desvelos una ilusión en donde aparecías tú, nos íbamos al sur a tomar aire fresco y a sentarnos bajo sombra de estos pinos gigantescos, el tiempo transcurría preciso y justo para todos y para mí era muy veloz. Nos tomábamos las manos y nos dábamos un beso, y era tan surrealista que me enamoraba esa imagen.
Desperté esa vez del sueño somnolienta y con sed, y el agua por más en cantidad no me saciaba. Eran miles de cartas las que pensaban en mi cabeza, ya no era el tiempo veloz, era lento, y más lento. Con mil cartas de papeleo en la cabeza y el desastre en las alcobas ya no recordaba las brisas ilusionadas ni la sombra de tu cara es más parecía una pesadilla recordarte. Pero, no obstante, silencios incómodos en tu presencia recordaba más por montón que por sueño.
Querido y remoto señor: Anónimo, no recuerdo casi nada de ti ni nada semejante a tu rostro, pero tengo el vago recuerdo de un sueño y en mis tantos desvelos una ilusión en donde aparecías tú.

Me cansé.


Me cansé del metro y sus típicas paradas cortas no hacen más que retrasar, y la gente se baja en aquellas minucias que no hacen más que irrumpir en mi camino.
Las demás personas se ven a tiempo pero yo no tengo aquél don debo llegar con o sin esas míseras personas que como siempre son las mismas cotidianas de todos los otros días. Me vuelve loco. Me sofoca. Me marea.
Me cansé de las constancias a largo plazo y los típicos tazones vacíos de los pordioseros y ahora la masas se duplican y cansan más que antes se revelan más que antes y hoy en día pienso : “Qué pendejadas se les ocurrirá otro día’’. Ya no me familiarizo con aquellos quejosos de siempre ya no me queda con quién contar y aún así no me canso de leer las minutas del reloj.
Me cansé del mundo y su humana hipocresía me cansé de que todos ahora se excusen con decir que tal cosa es humana y que cosas no lo son. Ya parecen vagos recuerdos los que tenía cuando me divertía y me volvían un loco de remate.
Me cansé de mi vida y de mis constantes quejas.
Simplemente me cansé.