
Esta vez me senté solo, sin preanbulos ni insomnio, me senté en toda base por mi cuenta sin esperar a alguien sin cortar a nadie.
Apareció un libro frente a mí, negro con olor a café y sus cicatrises demostraban su extinción. Parecía tener miles de años y con miles de fotos. No reconocí ninguna cara, todas ajenas y todas inexploradas, pero reconocía todos los lugares: el pub, el baño, las grúas de San Miguel y las calles humedas, esas calles con olor a humedad que ahogan la respiración.
Esta vez me senté solo, sin angustias, sin memorias, sin ninguna señal ni visión. Tenía el pensamiento mayusculo de no tener idea de nada ni de nadie.
Comencé a caminar ya de noche las minutas pasaron rápido y núnca parecía eterno -No como las tantas relaciones monótonas y aburridas que tenía- comienzo a darme cuenta de que nada a cambiado ni siquiera el olor a humedad ni el color de las paredes de los baños de aquellos pub de aquella gente cotidiana. Me estoy cansando, todo se pone aburrido y yo mientras más, de mala gana y mal humor. Quiero un cambio. Ya.
Apareció un libro frente a mí, negro con olor a café y sus cicatrises demostraban su extinción. Parecía tener miles de años y con miles de fotos. No reconocí ninguna cara, todas ajenas y todas inexploradas, pero reconocía todos los lugares: el pub, el baño, las grúas de San Miguel y las calles humedas, esas calles con olor a humedad que ahogan la respiración.
Esta vez me senté solo, sin angustias, sin memorias, sin ninguna señal ni visión. Tenía el pensamiento mayusculo de no tener idea de nada ni de nadie.
Comencé a caminar ya de noche las minutas pasaron rápido y núnca parecía eterno -No como las tantas relaciones monótonas y aburridas que tenía- comienzo a darme cuenta de que nada a cambiado ni siquiera el olor a humedad ni el color de las paredes de los baños de aquellos pub de aquella gente cotidiana. Me estoy cansando, todo se pone aburrido y yo mientras más, de mala gana y mal humor. Quiero un cambio. Ya.
